"Siempre he tenido un dilema: ¿Qué leo?. Intentaba escoger lo más esencial. ¡La producción editorial es tan amplia!. No todo es valioso y útil. Hay que saber elegir y pedir consejo sobre lo que se ha de leer (...). en la lectura y el estudio he intentado unir siempre de manera armónica las cuestiones de fe, de pensamiento, de corazón. No son campos separados. Cada uno de ellos se adentra y anima los otros". (Juan Pablo II, ¡Levantaos!, ¡vamos!, Plaza Janés, Barcelona 2004).
Esta inquietud de Juan Pablo II, responde a los deseos de quienes quieren usar la lectura como un medio de enriquecimiento personal, o con la seguridad de que el libro elegido no ofende a su dignidad de cristianos.